MÁS DE TRES DÉCADAS DE GOBERNADORES (III DE III)

LA MANO QUE MANDA
Por El Tlacuilo.- En Veracruz, como en la gran mayoría de las demás entidades, el Gobierno Estatal es el eje del devenir de todos. En mano de los gobernadores ha estado el destino de los ocho millones que habitantes de nuestro Veracruz que ha transcurrido de “la noche tibia y callada” al “lamento jarocho”.

Hablar de los gobernadores es reflejarnos a nosotros mismos.  

DE FIDEL A DUARTE
Desde el segundo año de gobierno de Fidel Herrera ya había señales tras bambalinas de que Javier Duarte de Ochoa sería su sucesor. A ese hecho antecedía un supuesto pacto que Herrera Beltrán había celebrado sus discípulos desde antes de lograr ser gobernador, y que consistía en que elegiría entre cinco de sus colaboradores a su sucesor, para que después se la fueran turnando los otros cuatro; entre ellos estaba Salvador Manzur que en algún momento fue punteando hasta que se tropezó con el “oro molido” de Sedesol; se encontraban también Jorge Carvallo, Alberto Silva, Erick Lagos y desde luego Duarte.

Por proteger ese proyecto hicieron perder a Pepe Yunes su primer intento por llegar al Senado y mantuvieron a baja temperatura a Héctor Yunes; hasta que se dio el destape de una candidatura que a muchos priistas no terminaba de convencer; incluso al mismo Fidel Herrera que pedía desesperadamente desde su oficina que ayudaran al candidato Duarte “porque andaba reteapendejado”.

DUARTISMO
Duarte de Ochoa logró ganar las elecciones con suma dificultad; parecía que su gobierno iniciaba de esa manera marcado para derrumbarse; desde ese momento se caracterizó por su debilidad.

De inicio Duarte tuvo que cargar con muchos de los integrantes de la “fidelidad”, que nunca dejaron de verlo como a su igual y le regatearon la lealtad que se le tiene a un liderazgo político.

Para el joven gobernador nadie tuvo lealtad y mucho menos lo blindaron; incluso quienes él “hizo”, como es el caso de su Chente Benítez o Gabriel Deantes, terminaron dándole una puñalada por la espalda; Duarte ejerció un gobierno que estuvo marcado por la ambición y las traiciones.

BOLA DE NIEVE
Fue un sexenio que se caracterizó por el desvío de recursos, en el que no todo fue para robárselo; a veces fue para echarle algo a la licuadora de Sefiplan para “moler”; o se aplicó para solventar el déficit que hay en las finanzas que el Gobierno Federal manda a Veracruz, que se ha tenido que cubrir durante años con dinero estatal.

Se afirma también que del gasto público se pagaron varias campañas electorales, incluso de muchos personajes que se montaron en el confort del apoyo y ahora se dan golpes de pecho.

Hasta se comenta que de los fondos de los veracruzanos se aportaron importantes cantidades para la campaña de Peña Nieto; lo que quizás sea un mito, pero que tiene muchos síntomas de realidad.

EL HOMBRE SOLO
Desde su burbuja de poder, Javier Duarte no se dio cuenta de la realidad de Veracruz ni de lo exagerado que eran los “negocios” de sus protegidos; quienes por conveniencia personal cada vez lo fueron aislando más y más; mientras pellizcaban el presupuesto.

De la mano de la Coordinadora de Comunicación Social Gina Domínguez se gestó un rompimiento drástico de Duarte con la prensa, que tuvo su mayor expresión faltando dos años de su gobierno, el rompimiento fue casi total.

Al quebrantamiento con los medios le continúo la fractura con los empresarios de la construcción y los grupos políticos.

Mientras Duarte se aislaba de quienes hubieran podido ayudarlo, se rodeaba de la gente cercana a su enemigo político y que el tiempo demostró que aún lo seguían, y pusieron en bandeja de plata la cabeza de Duarte; por citar a algunos estuvo Enrique Ampudia, Ricardo García, Joserra Gutierrez y Cirilo Vásquez. Para colmo de males a Ricardo García lo pusieron en un punto tan clave como lo es la Contraloría, desde donde le suministró información clave a su adversario.

EL VOMITO NEGRO
No fue la corrupción su único enemigo, también lo fueron la negligencia de su parte y las traiciones de sus cercanos; que lo diezmaron al grado tal que poco antes de concluir su gobierno era tan débil que se convirtió de manera natural en el “chivo expiatorio” que requerían en el altiplano y también a nivel local.

Fue un Gobernador con el termostato al revés, que arropó, protegió y dio manos libres a los desleales y castigó a los pocos que le profesaban lealtad.

Quizás lo que sucedió lo definen las palabras de uno de sus colaboradores cercanos, que en una charla en corto comentaba: “no somos las ratotas que dicen, fuimos unas ratitas, así de chiquitas”.

Aiga sido como aiga sido, el gobierno duartista pasó a la historia como uno de los más corruptos de Veracruz y del país; después del cual muchos de los integrantes de su cúpula fueron tocados y llevados al penal de Pacho Viejo, algunos justificadamente y otros sin motivo sustentado, pero todos ellos fueron pasados “a la báscula”.

Quienes no le entraron al “vomito negro” lo pagaron con sangre y fuego; y quienes lo supieron manejar nunca tuvieron problema ni pisaron baranda.

BAJÓN
El desgaste que el gobierno de Duarte le dio al PRI fue muy bien aprovechado por Yunes Linares, quién desde el PAN y sumando al PRD, con gran habilidad capitalizó cada uno de los errores cometidos por quién le había ganado en su primera candidatura; lo que le permitió llegar a ser gobernador con una votación holgada, tras una espera de dieciocho años.

Yunes logró “triunfar” con menor votación de la que había obtenido en las elecciones anteriores en las que fue derrotado por Javier Duarte.

El proceso electoral lo perdió el PRI y no lo ganó el PAN; pues mientras que Yunes Linares bajó cerca de trecientos mil votos con relación a su candidatura anterior, el PRI se fue abajo con más de quinientos mil, lo que le permitió llegar a Yunes Linares a ejercer un minigobierno de dos años.

El Gobierno que llevó a cabo Yunes Linares se puede definir en unas cuantas líneas, fue una administración que ahondó la crisis financiera y la de seguridad pública, en donde fue evidente el desvío de recursos y donde se continuó con el rompimiento total con los sectores políticos y productivos; se trató de un gobierno de simulación, que cubrió su ineficacia y malos manejos echándole la culpa de todo a quién le antecedió.

Sus dislates los pagó en las urnas y los está enfrentando en los tribunales.