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Viernes
16 de Noviembre de 2018
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El estafermo de las encuestas
Wenceslao Vargas Márquez

Un dato duro debe recuperar el cortés lector que tiene la gentileza de poner este apunte bajo sus ojos (nótese la elegancia de mi redacción vaticana).

El dato a recuperar es que el momento más difícil del proceso electoral es la decisión política de que alguien asuma que es ganador y que el resto acepte que son perdedores. Esta parte tan delicada, la políticamente más delicada del proceso, fue resuelta con sólo la información de las encuestadoras privadas. Apenas pasadas las 8 de la noche las encuestadoras dieron por hecho el triunfo de López Obrador y con esta información privada, no pública, todo el mundo tomó sus decisiones políticas.

El primero que lo hizo fue el candidato presidencial del PRI, Meade, para reconocer que la votación no la favorecía. Una idea al respecto es que no lo hizo por iniciativa propia sino por indicación presidencial para eliminar cualquier pataleo de parte de Anaya, el también perdedor del PAN. Al declarar a López Obrador como triunfador, Meade se transformó en el primer Lorenzo Córdoba de la noche. Pocos minutos después Anaya, como el segundo Córdoba de la noche, dijo que Amlo era el triunfador y aceptó su derrota con los mismos datos, los datos de las encuestadoras privadas.

Cuando apareció a las 11 de la noche el tercer Lorenzo Córdoba le habló en solitario a las cámaras y al somnoliento floor manager del INE. Para entonces ya el ganador había asumido su justo triunfo, los perdedores sus derrotas, y todo el mundo ya estaba durmiendo (¡), de manera que la intervención de este tercer Córdoba fue irrelevante. Apagó enseguida la luz eléctrica y salió bajo la luz de la luna hacia al estacionamiento vacío y a las calles desiertas, rumbo a su casa. Cuando el lunes 2 se enteró el país (!) que Lorenzo III había hablado a las once de la noche quedó claro que su intervención para resolver políticamente la elección había sido irrelevante. Vimos el rebase del ente público a manos de las encuestadoras privadas.

Resulta entonces que las vilipendiadas casas encuestadoras mantuvieron a pulso la medición razonablemente precisa de la intención del voto del electorado mexicano y decidieron políticamente la elección presidencial, y la de los estados, con su “indoloro y casto despilfarro de números”, un poco después de las ocho de la noche.

Durante la campaña electoral de 2018 el muñeco a golpear fue el muñeco giratorio de las encuestas. En este espacio le dimos seguimiento a más de cincuenta en lo veracruzano, y a sólo agregadoras (Oraculus, Bloomberg y otras cuatro) en cuanto a la elección nacional. Gracias a ese seguimiento pudimos procesar información con alguna certidumbre (al final, en la nota titulada Encuestas: la última y nos vamos).

En general interpretamos que López Obrador (con una ventaja considerable) sería primer lugar, Anaya segundo, cayendo levemente al final, y Meade invariablemente tercero, creciendo al final pero de manera insuficiente como para alcanzar al PAN y colocarse en segundo. Esta actividad fue sencilla gracias a la existencia y al trabajo de las agregadoras. Era sólo leer sin prejuicios.

Fue más complicado poder interpretar las tendencias veracruzanas para la gubernatura y el Senado en virtud de que no hubo agregadoras trabajando en Veracruz sino encuestas dispersas, muchas tendenciosas y de dudosa factura. A pesar de ello construimos nuestro sucedáneo de agregadora vicaria (nótese la doble autocrítica) con una tabla en una hoja electrónica de datos de un poco más de cincuenta encuestas.

Leímos el triunfo para gobernador de Cuitláhuac García Jiménez, de Morena, con base en la inercia creciente de las encuestas publicadas en la segunda quincena de junio (dijimos cuáles y por qué) y el efecto político de la nacional ola de MoReNa. La disputa entre Morena y el PAN estuvo fuerte en mayo.

Dijimos también, y más de una vez, que de Morena y el PAN serían los senadores. Añadimos que el PRI veracruzano fue tercero en todo momento para el gobierno y el Senado y que no tenía posibilidades de triunfo, al revés de columnistas que hablaban de una inexistente pelea en tercios. Completamos, al analizar la tarea del próximo titular de la SEP, que las gubernaturas para Morena serían cinco o seis; una de ellas, la veracruzana.

Repudiadas las encuestadoras durante el proceso por partidos y políticos para medir las tendencias, políticos y partidos aceptaron sus mediciones para decidir quién había ganado. Es extraña la contradicción: rechazarlas durante el proceso para describir la forma pero aceptarlas al final para resolver el fondo.

Aventuro una explicación: políticos y partidos le dieron un golpe en un brazo al estafermo, y extrañamente se convencieron de que para tendencias no sirven las encuestas pero para el resultado final sí. Temieron que al volverlas a repudiar el primero de julio, con mucha indignación el extraño estafermo los persiguiera.

Twitter @WenceslaoXalapa

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