11 de Agosto de 2020

INDOLENCIA OFICIAL ANTE ENFERMOS DE CÁNCER

INDOLENCIA OFICIAL ANTE ENFERMOS DE CÁNCER

Por: Arturo Reyes Isidoro.- Siendo consecuentes, en un principio se pudieron haber justificado todos los pretextos para que la Secretaría de Salud estatal no surtiera suficiente y oportunamente medicamentos y equipos para el tratamiento adecuado de menores con cáncer, pero que después de más de un año eso continúe ocurriendo no puede calificarse más que como un acto constitutivo del delito de homicidio imprudencial que debe ser castigado.

Desde el arranque del nuevo y actual gobierno, en diciembre de 2018, se empezó a padecer el problema. Entonces se echó la culpa al gobierno inmediato anterior. Pero empezó a correr el tiempo y el problema no se resolvió en todo el año anterior y padres afectados aseguran que han fallecido al menos ocho niños.

Tanto en el puerto de Veracruz como en la capital del Estado, donde hay instalaciones para recibir y atender a ese tipo de pacientes, el año pasado los familiares de los enfermos tuvieron que salir a bloquear calles para protestar buscando que resolvieran las carencias y falta de atención a sus seres queridos, aunque solo recibieron promesas de solución o soluciones a medias.

El martes, de nuevo, recurrieron a la medida extrema. En la protesta de Xalapa los padres dijeron que son más de cien niños los que sufren las consecuencias.

Ese día el problema se calmó momentáneamente con la promesa de que se abastecerá de medicamentos, de acuerdo a un boletín de prensa del Gobierno que casi no decía nada, muy general sin precisar alguna fecha.

Hoy ya no es aceptable que sigan responsabilizando al gobierno anterior ni se justifica que se escuden en su inexperiencia. La curva de aprendizaje ya debió haber terminado y cabe preguntar dónde está el dinero del presupuesto para el sector salud con el que debe comprarse medicamentos y equipos.

A todas luces es criticable que el martes la salida momentánea al problema haya sido “una mesa” de negociación “para dar cauce a las peticiones de los inconformes” como si se tratara de una exigencia de los vándalos de los llamados 400 Pueblos, o de los conocidos como cardenistas, o de los integrantes de Antorcha Campesina, cuando de lo que se trata es de un problema de asistencia social, humanitario, de urgente resolución, que nunca debería presentarse porque de por medio está la vida de personas, en este caso menores.

Se supone que hay una política que contempla la atención integral a la salud de los veracruzanos, en especial a los más desprotegidos, y que para ello anualmente se dispone de un presupuesto. La pregunta es por qué no se ejerce y se actúa en consecuencia, a dónde ha ido a parar ese dinero.

Es tal el desprecio de la administración estatal por los enfermos y sus familiares que a la “mesa” de negociación ni siquiera asistió el secretario de Salud, Roberto Ramos Alor, el directamente responsable del problema y quien debió haberse comprometido personalmente, por la representación que tiene, con la solución, ahora sí, definitiva. Enviaron a un funcionario menor a atenderlos.

Lo menos que uno puede hacer con los protestantes es solidarizarse con ellos. Se trata de un problema de salud que para nada debe politizarse, pero ante el desinterés, la ineficacia, la insensibilidad, la indolencia y la irresponsabilidad que muestra el gobierno cuitlahuista, bueno sería que hiciera suyo el problema el alcalde panista de Veracruz, Fernando Yunes Márquez, y que comprara con el presupuesto municipal lo que haga falta.

Se trata de vidas humanas y las enfermedades y su curación o posible curación no distinguen de siglas políticas, colores ni ideologías.

El año pasado el alcalde Yunes compró una campana oncológica para resolver un problema de inmediato que enfrentaban esos niños con cáncer ante la misma actitud de ahora del gobierno estatal, pero solo porque es hijo del exgobernador Miguel Ángel Yunes se negaron a recibirla, en un acto que no tiene calificativo, aunque al menos sirvió para acicatearlos a fin de que ellos compraran e instalaran otra, aunque no fue enseguida. Privilegian, pues, la diferencia política por encima de la salud y de la vida de los veracruzanos.

Pienso que si acá no les resuelven satisfactoriamente, los familiares de los pacientes debieran entonces ir al palacio municipal de Veracruz donde tal vez ahí sí encuentren la respuesta que les dé aliento y esperanza de que sus enfermos tendrán la atención debida que pudiera aliviarlos, salvarles la vida, o prolongársela.

¿Dónde está el secretario Ramos Alor que no da la cara? ¿Por qué evade su responsabilidad y no atiende a los manifestantes, al menos para que les diga palabras de aliento si no tiene otra cosa que ofrecerles en nombre de un gobierno omiso que no resuelve?

 

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