27 de Octubre de 2021

El PRI, de aplanadora a partido bisagra, prepara su Asamblea Nacional

El PRI, de aplanadora a partido bisagra, prepara su Asamblea Nacional

Por: Arturo Reyes Isidoro.- El PRI instaló ayer la Coordinación Nacional Organizadora de su XXIII Asamblea Nacional, con lo que inició los trabajos que culminarán con una sesión plenaria el 11 de diciembre próximo.

La finalidad que persiguen los tricolores, según se informó ayer, es discutir el proyecto de país, su estrategia política, así como su vida interna y prospectiva, “porque ante nuevos tiempos, nuevos retos”.

Aun cuando habrá movimiento y ruido por la elección de los 3 mil 274 delegados que serán elegidos desde los comités seccionales y municipales en el país, lejos está ese partido de suscitar un interés político impactante, como cuando ostentó todo el poder que lo caracterizó en el siglo pasado.

De partido casi único, omnipotente y omnipresente en la vida pública y política de México, luego de una hegemonía de 71 años durante los cuales ocupó la presidencia de la república, a partir del año 2000, con el inicio del nuevo siglo, inició su caída que en 2018 se convirtió en casi un derrumbe total.

Sobrevive hoy convertido ahora en un partido bisagra en la Cámara de Diputados, esto es que, sin tener la mayoría, el carro completo con el que avasallaba todo como una aplanadora, con solo 71 diputaciones de 500 le son suficientes para ser determinante en el rumbo que habrá de tomar el país lo mismo si le entrega sus votos a Morena, que los necesita necesariamente, que si se los niega.

En realidad, eso creo, no será necesario esperar hasta el 11 de diciembre para saber a qué le tira el tricolor ante el electorado, para saber su prospectiva, pues con su voto a favor o en contra de la reforma eléctrica propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador al Congreso de la Unión se sabrá si se mantiene vivo o si se acaba de derrumbar.

Ahora mismo tiene en ascuas a sus militantes, incluidos a quienes tienen un cargo de elección popular, porque mientras que el PAN, el PRD y MC fijaron de inmediato su postura en contra de la reforma, el PRI ha dejado latente qué camino tomará, si se entrega en brazos del presidente y de su partido o si opta por su independencia.

Sus votos serán determinantes para que pase o no la reforma eléctrica. En un serio análisis publicado ayer en El Financiero, Macario Schettino, profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey y un serio y agudo analista, vaticinó que si el PRI da a torcer su brazo y aprueba la reforma será su derrumbe definitivo. Coincido con él.

Me llama la atención que esta vez, a diferencia de la antidemocracia que lo caracterizó en la toma de decisiones de gran envergadura (no hay que olvidar que fue el inventor del dedazo), su dirigente nacional Alejandro “Alito” Moreno anunció que su partido realizará un Parlamento Abierto para fijar su postura.

Esto es, en forma extraña, esta vez democratizará su decisión en foros temáticos para que especialistas, reguladores, el gobierno federal, la academia, las cámaras empresariales y los usuarios del sistema eléctrico nacional opinen, algo que hasta resulta sospechoso por la verticalidad que ha ejercido el tricolor y porque siempre se ha hecho la voluntad de lo que decida su dirigente.

Una de dos, o de tres: o “Alito” quiere empezar el cambio de su partido democratizando la toma de decisiones, o quiere curarse en salud revistiendo de democracia su voto a favor de la reforma para que no lo acusen de que se entregó a AMLO, o bien pretende ganar tiempo o jugar con el tiempo para ver qué le ofrece el presidente, o cuánto.

Creo que el PRI, su dirigente, no tiene mucho qué pensar pues está bastante claro que su militancia está en contra. Ayer comenté lo que el diputado federal Pepe Yunes, experto expresidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público del Senado, publicó: “Después de una primera revisión a la iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica, ésta cancela la competencia en perjuicio del usuario, genera incertidumbre al suprimir reguladores y contratos previos y compromete las finanzas públicas y la inversión en el sector”. Pepe sabe lo que dice.

El PRI, su dirigencia, no tienen por qué ser opositores a ultranza ni sistemáticos, no tienen por qué decirle no a un presidente, al presidente, cuando se trate de un asunto que vaya a beneficiar a la población, como ocurre en las democracias desarrolladas, pero tienen que ser unos férreos opositores si es el caso contrario y, ya lo apunta Pepe Yunes, esta reforma perjudicará a los usuarios.

Si deciden sumar los votos necesarios para beneficiar a Morena en la Cámara de Diputados, al presidente, acabarán con la poca credibilidad y confianza que todavía les tiene el electorado; si van en contra, mantienen su independencia y fortalecen a la oposición para que sea un contrapeso real y fuerte, llegarán muy fortalecidos a su Asamblea Nacional.

Como están y van las cosas, no dudo que esta vez algunos o muchos diputados priistas se rebelen a su dirigencia si decide someterse al dictado del Palacio Nacional y voten en conciencia en contra de la reforma. Entonces sí estaremos viviendo un verdadero cambio en el tricolor.

Lo que sí veo que no cambia es el alineamiento que tiene la dirigencia estatal respecto de la nacional, como siempre. Me imaginó que Marlon Ramírez Marín esperará hasta que el CEN defina su postura para pronunciarse, incluso que lo apoye así sea que con su decisión el PRI se entregue en brazos de AMLO. Para mi gusto, sería sano que hiciera pública su postura personal y la razonara, por qué.

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